martes

Tiempo

El tiempo, que no tiene ningún otro límite que el que le intenta poner cada uno de nosotros, es un mar sin fin que nos rodea. Es un presente continuo y sin marejadas. Y nos atrapa a tal punto que no tiene variantes en ninguna dimensión más que en la ilusión regulada por las mentes y cuerpos. Al tiempo lo respiramos y lo evitamos. Lo disfrutamos y lo perdemos. Estamos sincronizados en una danza despareja de a dos. Y nos quedamos con nuestras sensaciones, nuestra creación; adentro. Nada de lo que viene de aquí, desde aquí mismo en sí, detrás de los ojos, está allá afuera; allí afuera. Donde el tiempo más se dobla; donde más se desdobla, es aquí. Y tiene más lugar en cierto sentido. En donde están más cerca el sentimiento y la voluntad. Allí el tiempo se encuentra, y a él (o ella) le encontramos un lugar. Enorme o pequeño para nosotros, al tiempo siempre lo hacemos entrar. Sin detenerlo ni entenderlo. Sin creerlo vivo en realidad,

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