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"El que sabe, atrae"

El conocimiento que poseen ciertas personas provoca, con una intensidad como nunca antes en la historia se había producido, la atracción de otras personas sobre ellas. Haciendo una analogía con la ley de la gravedad de Isaac Newton, podemos afirmar que estas personas ejercen sobre los demás una fuerza de atracción proporcional al conocimiento que acumulan. Y a mayor conocimiento, mayor atracción. Hay que señalar que la ley (“el que sabe, atrae”) es aplicable no sólo a los seres humanos, sino también a soportes físicos. Dicha atracción puede producirse entre diversos robots de Internet que realizan búsquedas, catalogación y almacenamiento del conocimiento. O puede movilizar la atracción de personas y buscadores sobre ellos, como ocurre con Wikipedia . En cierto sentido, se podría realizar una analogía entre esta ley y la segunda ley de Newton, afirmando que la fuerza de atracción que ejerce un trabajador del conocimiento es directamente proporcional al conocimiento que posee. En entornos de trabajo donde el conocimiento es crítico, las personas que son referencia son aquellas que saben resolver los problemas a través de la aplicación de su conocimiento adquirido, o mediante la capacidad de generación de nuevo conocimiento. De este modo, la capacidad de atracción –el número de veces en que uno es consultado o requerido– depende del diferencial entre lo que uno sabe y lo que saben los demás, así como de lo único, escaso y organizacionalmente necesario que sea ese conocimiento que uno posee. Así (y siempre que las jerarquías organizativas sean horizontales, abiertas y planas), cuanto mayor sea la diferencia entre lo que uno sabe y lo que saben los demás,mayor número de veces será uno consultado. El camino para evitar un cuello de botella sería compartir el conocimiento, de modo que se reduzcan las diferencias y se multiplique el número de nodos a los que acceder para su adquisición. Dado que la economía del conocimiento no está basada en un juego de suma cero (el conocimiento que gana alguien viene dado por la pérdida para aquel que lo facilita), el hecho de facilitar el conocimiento al resto de personas no resta valor al propietario del conocimiento semilla original, sino que lo fortalece como nodo dentro de la red de conocimiento creada.

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